La finca se encuentra a 20 km. de Iruya que tiene las siguientes características:
Iruya, cuyo nombre significa "paja brava" o "lugar de los pastos altos", es un apartado pueblito que mantiene la mas pura esencia Humahuaqueña, con sus casas, sus empinadas calles de piedra, y la simpleza de su gente. En sus alrededores podés encontrar las ruinas precolombinas de Titiconte. Todos los 1º de Agosto se celebra la "Fiesta de la Pachamama", y el primer fin de semana de Octubre se realiza una particular celebración en honor a la Virgen del Rosario, donde se confunden de manera singular lo pagano y lo religioso. Cientos de puneños de la zona se congregan para participar de los actos religiosos cantando, rezando, etc.
Está a 2780 m. Sobre el nivel del mar, a una distancia de 307 km. De la capital salteña. Para el acceso a este lugar, se debe pasar por la provincia de Jujuy, recorriendo la ruta Nacional Nº 9, a 26 km. De la capital de Humahuaca está el cruce de rutas, donde se lee "Iruya 26 Km". Siguiendo el camino indicado, se llega a la estación Iturbe (F.C.N.G.B.) Provincia de Jujuy, distante a 8 km. del cruce mencionado. Desde allí siempre por camino de tierra, se llega al paraje denominado "ABRA DEL CONDOR" a 4000 m. sobre el nivel del mar, límite de la provincia de Salta y Jujuy. En el Abra del Cóndor comienza el descenso de 1220 m. En 19 Km (distancia del Abra a Iruya). A lo largo de estos 19 Km, el visitante se sumerge en la variedad más insólita de colores, que van del verde agreste al morado o violeta, pasando por el amarillo y el azul metálico. La montaña, en conjunto con las quebradas, ofrece a la vista, caprichosas y curiosas formas que se desdibujan en el lecho del río Colanzulí, a cuya vera corre el camino. En las elevaciones que atraviesa el camino, y como formando parte del paisaje, están las manadas de llamas, ovejas y cabras. Al llegar a Iruya, la primera impresión es de que se trata de un pueblo "colgado en la montaña", o más bien, de una isla, que está rodeado por los ríos Colazulí (Iruya) y Milmahuasi. Aquí, los habitantes, vestimentas, costumbres y viviendas han mantenido su tradición a lo largo de 250 años. El poblado conserva sus calles angostas y empedradas, con casa de adobes, piedras y paja.El camino para el tránsito automotor termina, solamente a lomo de mula es posible realizar un viaje al interior del departamento, donde se presenta el paisaje montañoso en toda su agresividad y magnitud. Siguiendo el lecho de los que surcan el interior, se aprecian quebradas de diferentes formas y colores. La piedra laja, en algunos tramos ha formando paredes de contención del río.Además, rompiendo la imponencia del paisaje, están los pequeños espacios cultivables, con alfalfares y álamos.
|